Un flujo turbulento hace referencia a un flujo que es aleatorio o no controlado. Cuando hablamos de sistemas de ventilación para una sala blanca, es muy importante tener en cuenta cómo son los flujos de ventilación. Existen diferentes tipos de flujos, y aquí te explicamos qué es el flujo turbulento y cuál es su impacto en una sala blanca.

Lo que debes saber sobre el flujo turbulento en salas blancas:
Si clasificamos los tipos de flujos por su nivel de turbulencia, podremos distinguir tres tipos diferenciados: el flujo laminar, el flujo en transición y el flujo turbulento.
Para distinguir qué tipo de flujo es, se miden la velocidad, viscosidad, diámetro y densidad de fluido utilizando el número de Reynolds. Si el número de Reynolds (Re) es bajo, estaremos hablando de un flujo laminar donde las fuerzas viscosas predominen y hagan que las partículas se mantengan en línea. Por lo contrario, un número de Reynolds alto indica que la inercia prima sobre las fuerzas viscosas y nos encontraríamos frente a un flujo turbulento. El flujo de transición no se puede medir.
Hablamos de flujo turbulento cuando nos encontramos frente a un flujo en el que hay fluctuaciones de manera constante. El movimiento del fluido se da de forma caótica y las partículas se mueven de manera desordenada, haciendo que sus trayectorias se mezclen de manera aleatoria.
En cambio, en un flujo laminar, las partículas del fluido se desplazan de forma paralela y ordenada en láminas.
Las principales diferencias entre el flujo turbulento y el flujo laminar son por un lado el movimiento de las partículas y por otro la velocidad con la que viajan.
Como hemos comentado, la ventilación en una sala blanca es un aspecto fundamental pues el aire puede traer consigo partículas contaminantes y otros agentes externos. Por eso, es importante conocer si el flujo de aire es turbulento o laminar y cómo esto impacta en una sala blanca. Por definición, un flujo laminar es mucho más ordenado y controlado en diferencia con el flujo turbulento.
Por eso, en las salas blancas, es mucho más habitual la presencia de los flujos laminares que de los flujos turbulentos. Esto tiene una fácil explicación: al no poder describir una trayectoria precisa de las partículas de un fluido en el flujo turbulento, se hace mucho más difícil controlar el flujo. Un flujo laminar en contraposición con un flujo turbulento conlleva pues un menor riesgo de contaminación dentro de la sala blanca, lo que sin duda es esencial en este tipo de salas.
El número de Reynolds es un valor conseguido a través de una fórmula matemática que sirve para determinar si el flujo es laminar o es turbulento. Si el número de Reynolds es menor a 2300, el flujo será laminar y, si es mayor de 4000, el flujo será turbulento.
El flujo laminar sirve para garantizar que un área concreta está libre de partículas y elementos contaminantes, ya que es un flujo mucho más estable y predecible y, por tanto, más fácil de controlar.
Sí, tratándose de una sala blanca, la prioridad es poder controlar aspectos como la ventilación y la entrada de aire. En este sentido, un flujo laminar siempre permitirá en mayor medida ese control que un flujo turbulento.
Desde el punto de vista de una sala blanca, el flujo laminar siempre es una mejor alternativa que el turbulento, pues permite un mejor control que, normalmente, se traducirá en un menor riesgo de que partículas contaminantes entren en la sala a partir del sistema de ventilación.

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